Abriendo ventanas a la autoestima

27/05/2021

Philip Zimbardo, psicólogo social de la Universidad de Stanford, llevó a cabo un experimento que me encanta reflejar en mis clases, se trata de “la teoría de las ventanas rotas”.
El experimento venía a demostrar que, si algo se encuentra en mal estado y no se repara, da la sensación de que no es importante. Y dado que no importa, no hay problema en dejarlo o en seguir destrozándolo.
Aquello me impactó, ya que, por desgracia, nos encontramos con muchas ventanas rotas en nuestro camino docente. Se trata de alumnos que tienen una baja consideración de sí mismos por el motivo que sea, se consideran ventanas rotas y esa imagen que proyectan hace que ellos mismos o sus compañeros puedan seguir destrozándolos.

¿Qué hacer para reparar esas ventanas rotas?

Ideas hay muchas, pero hoy quiero hablaros de una práctica que vengo desarrollando en los últimos años.
Se trata de utilizar la película Wonder, sí aquélla en la que un niño con una deformidad craneofacial da sus primeros pasos en un mundo intimidante. Auggie, que así se llama para quienes no conozcan la historia, tiene uno y mil motivos para considerarse una ventana rota, y probablemente como educadores, sería difícil convencerle de lo contrario. En cambio, no lo hace, la película entera es un canto al esfuerzo y el coraje, o a lo que yo llamaría la reparación de las ventanas rotas infantiles.

“Sean amables, porque todos están librando una dura batalla. Y si realmente quieren ver lo que las personas son, todo lo que tienen que hacer es mirar”. Wonder (2017)

Éste es el mensaje final de la película y el que yo quiero hacer llegar a mis estudiantes. La importancia de mirar, no sólo hacia nosotros mismos sino hacia los demás.
Tras visionar la película, solemos realizar un cinefórum en el que suelen salir conclusiones bastante ilustradoras, que en la mayor parte de los casos nos lleva a pensar que todos tenemos una oportunidad.

Una segunda actividad que hacemos y que consideramos importante es que cada alumno, crea su propio Wonder, es decir, un poster en el que se refleja a una persona con un casco de astronauta tal y como sucedía en los primeros momentos de la película cuando Auggie no mostraba su realidad. La tarea consiste en decorarlo al gusto de cada alumno y poner su nombre. Después, pegamos otra hoja en la que sus compañeros/as le deben decir cosas positivas que piensan sobre él o ella. De esta manera creamos un mural en la clase con nuestros “Wonders” auténticos para que el resto de compañeros o el propio docente escriba algo sobre el/la alumno/a. 

 Tras un tiempo prudencial, en asamblea, comentamos cada uno de nuestros “Wonders” de la siguiente manera: se elige uno de los pósteres y el o la alumna a quien represente ese Wonder sale al centro de la clase y sus compañeros le van leyendo las cosas positivas que se han escrito sobre él o ella (no tiene porqué ser necesariamente lo que cada uno/a ha escrito, puede elegir cualquier otro comentario). Finalmente, estos “Wonders” forman parte de la clase.
Llegados a este punto, me gustaría llevaros a la reflexión, tal y como me ocurrió a mí misma con el artículo de Philips Zimbardo. ¿Cuántas ventanas rotas nos hemos encontrado en nuestra andadura como docentes? ¿Será posible que aportemos nuestro granito de arena para evitar su abandono? Estoy convencida de que sí, el camino está en aprender a mirar.

Mati Benavent Sancho

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